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Guardo.

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Guardo el ansía de avanzar, Guardo los azulejos de la facultad, sus paseos, sus historias. Guardo el sufrimiento estudiantil, guardo su presente  sin pasado ni futuro. Guardo la alegría de la libertad, de la independencia. Guardo el amor, su pureza, su descubrimiento, su pasión. Guardo su nombre de fina lluvia. Guardo la soledad, a veces buscada a veces encontrada. Guardo el aprender a decir No aunque el mundo me llevase a lo contrario. Guardo el haberte encontrado para siempre, literatura. Guardo la amistad, no aquella que miente, si no la que hace llorar para poder reír. Guardo los fracasos, cada uno de ellos, pues su amargura llegará a endulzar. Guardo el agradable paladar  del triunfo, cada uno de ellos,  por el dolor que conlleva llegar. Guardo la memoria de los que se fueron, la guardo para siempre, como estatua de hierro. Guardo las traiciones y entierro el rencor,  pues de nada me sirve. Guardo en un baúl bajo llave a aquellos me dieron la esp...

Solidaridad Callejera.

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A veces pasan desapercibidos algunos actos que tal vez sean pequeños en  forma, aunque inmensos en su fondo . Andaba callejeando esta mañana, cuando algo me ha llamado la atención. En la puerta de una casa, de su pomo,  colgaba una bolsa de plástico. Parecía algo olvidado y me he acercado por si era necesario dar un "timbrazo". Hoy martes, es el mercadillo de mi pueblo, donde las amas y los amos de casa acuden a los diversos puestos de fruta, verdura, especias y telas. No era extraño que por un descuido algo se hubiese quedado abandonado a la suerte, y la verdad no están los tiempos para ello. Al acercarme a la casa he comprobado que aquella bolsa contenía pan. Y junto a ese pomo una nota plastificada y borrosa por el paso del tiempo y el clima. La nota era una oda a la solidaridad, una chispa a la esperanza de que entre todos nosotros, entre la gente llana,  todo puede salir hacía delante, de que todo puede mejorar. Que bueno es cuando el ser humano se humaniza y te v...

A veces Vemos pero no Miramos.

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Alrededores de las Tablas de Daimiel. Foto sacada de Internet El día se levantó primaveral en mitad de Enero. Unos quince grados y el sol con los ojos abiertos invitaban a salir, a desempolvar la pereza que emerge en invierno. El plan era sencillo: bicicleta, amigos y campo , una mezcla perfecta para aprovechar la mañana. Nos lanzamos por los caminos a pedalada y charla , y entre tanto fuimos descubriendo como nuestra tierra se presentaba, como los pájaros nos acompañaban en su intermitente revoloteo, y como el campesino, el pastor, el pescador, y los chopos desnudos nos saludaban a nuestro paso. Las conversaciones iban y venían, divagaban entre lo típico y lo utópico, hasta que nuestro río Guadiana ensanchado, a paso gobernante,  abriéndose para alimentar las Tablas de Daimiel nos dio un tirón de orejas y nos maravilló con su actual soberanía. A veces vemos pero no miramos , no somos conscientes de la belleza que nos rodea, de nuestra propia armonía, de aquello que se nos p...

Efímero.

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Efímero. Incluso nuestro basto universo, con sus desconocidos rincones, el cual  ni siquiera  nuestra mente es capaz de dibujar, se creó  con una explosión de apenas segundos. El mar, eterno horizonte azul, que se pierde en las pupilas y recuesta al astro sol cada atardecer. Incluso él,  el mar,  insondable camino de antiguos comerciantes, sendero de los primeros hombres, está compuesto por millones de olas que desaparecen y nacen. Una semilla, la más real y  minúscula muestra de la omnipotencia de la naturaleza es capaz de albergar lo que será un árbol que superará la altura de diez hombres con sus diez vidas. Efímero y breve, eso es lo que nos golpea, lo que nos arrastra, pero a la vez, como el sorbo de un licor fuerte, nos recorre las entrañas y nos muestra la importancia de cada suspiro, de cada instante. No dejamos de ser más diferentes que la hoja de sauce, que aparece y desaparece con cada ciclo. Conscientes de ello recorremos nuestra propia cuenca...

Y entonces llegó El Gabo

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El día que fui a descubrir a Gabriel Garcia Marquez no sabía que llegaría a mi como un ciclón de maestría que aplastaría mi buen hacer dejándome como a Kafka convertido en un insecto . Lo conocía desde que tenía uso de razón literario, ¿Quien no conoce a este genio? Pero a pesar de conocerlo no lo había destripado, no había devorado cada línea de sus "Cien años de soledad" ni me había envuelto en el crimen por honor de Santiago Nassar que empezó muerto y terminó más muerto aún,  pero vivo eternamente. ¿Buscáis amor en sombras? no habréis leído un amor como el que ocurrió en aquellos tiempos del cólera.  Su prosa suelta, sacada a borbotones, enlazando con hilo de oro historias viejas que seguro estoy amamantó en su pequeño pueblo del Caribe, son una dulce melodía que cae en lo más hondo y como una semilla agarra y florece en breve. Es talento, sin más, y con ello es un escritor que demuestra que lo importante no es lo que cuentas si no El como contarlo .  Me he ...

La Vieja Bola.

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Se abrió la puerta y la ventisca introdujo varios copos de nieve en la habitación. El abuelo regresaba de los mercadillos navideños con dulces y unas velas para encima de la chimenea. Se quitó aquella vieja bufanda de lana y la gorra campera, ante la mirada risueña de su nuera sacudió los zapatos empapados de nieve y los puso cerca del fuego para que se secasen,  dejando al descubierto los roídos calcetines.  Sus dos nietos estaban en mitad del salón sobre la alfombra junto a su  madre intentando decorar un árbol de navidad que nada tenía que ver con aquellos  arbolillos verdes que el anciano recordaba en su ya alejada infancia. El viejo no dejaba de mirar aquellos chismes que colgaban del árbol sin dar sentido alguno a su ilusión navideña. Con sus calcetines agujereados subió hacia su alcoba, buscó en aquel armario  entre  cosas inservibles que había dejado que las devorase el olvido. Encontró una pequeña caja de cartón abollada, colocó de forma superfic...

Diciembre, Viejo Amigo...

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Diciembre, viejo sabio que alberga el frío que cose  el circulo. Cargado de ilusiones, tienes el don la junta, de las conmemoraciones. Diciembre, olor de chimenea, de leña mojada moribunda al rojo fuego que como manantial reúne a generaciones cada vez más ausentes, sordo mudas. Recuerdos de castañas en la sayas de las abuelas, de mantas agarradas al brasero, arroz en duz sobre la tinaja. Diciembre viejo amigo, hermanastro del caldero, de la cuchara hirviendo, del trago de leche y miel.  Diciembre, aunque nunca te he esperado, cuando llegas dueles, conquistas, hurgas en la nostalgia, en las hojas que dispersas arrastras tu perfume  agridulce. Antiguo y presente Diciembre, enemigo del alma, eres extraño  pues te muestras  con semblante serio,  reflexivo, rompes los libros que cuelgan en paredes y regalas la pluma filtrada, imaginativa, borracha para continuar la faena, disimular las heridas con invisibles tiritas de papel. Diciembre, cruel puñal, ...