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A veces Vemos pero no Miramos.

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Alrededores de las Tablas de Daimiel. Foto sacada de Internet El día se levantó primaveral en mitad de Enero. Unos quince grados y el sol con los ojos abiertos invitaban a salir, a desempolvar la pereza que emerge en invierno. El plan era sencillo: bicicleta, amigos y campo , una mezcla perfecta para aprovechar la mañana. Nos lanzamos por los caminos a pedalada y charla , y entre tanto fuimos descubriendo como nuestra tierra se presentaba, como los pájaros nos acompañaban en su intermitente revoloteo, y como el campesino, el pastor, el pescador, y los chopos desnudos nos saludaban a nuestro paso. Las conversaciones iban y venían, divagaban entre lo típico y lo utópico, hasta que nuestro río Guadiana ensanchado, a paso gobernante,  abriéndose para alimentar las Tablas de Daimiel nos dio un tirón de orejas y nos maravilló con su actual soberanía. A veces vemos pero no miramos , no somos conscientes de la belleza que nos rodea, de nuestra propia armonía, de aquello que se nos p...

Efímero.

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Efímero. Incluso nuestro basto universo, con sus desconocidos rincones, el cual  ni siquiera  nuestra mente es capaz de dibujar, se creó  con una explosión de apenas segundos. El mar, eterno horizonte azul, que se pierde en las pupilas y recuesta al astro sol cada atardecer. Incluso él,  el mar,  insondable camino de antiguos comerciantes, sendero de los primeros hombres, está compuesto por millones de olas que desaparecen y nacen. Una semilla, la más real y  minúscula muestra de la omnipotencia de la naturaleza es capaz de albergar lo que será un árbol que superará la altura de diez hombres con sus diez vidas. Efímero y breve, eso es lo que nos golpea, lo que nos arrastra, pero a la vez, como el sorbo de un licor fuerte, nos recorre las entrañas y nos muestra la importancia de cada suspiro, de cada instante. No dejamos de ser más diferentes que la hoja de sauce, que aparece y desaparece con cada ciclo. Conscientes de ello recorremos nuestra propia cuenca...

Y entonces llegó El Gabo

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El día que fui a descubrir a Gabriel Garcia Marquez no sabía que llegaría a mi como un ciclón de maestría que aplastaría mi buen hacer dejándome como a Kafka convertido en un insecto . Lo conocía desde que tenía uso de razón literario, ¿Quien no conoce a este genio? Pero a pesar de conocerlo no lo había destripado, no había devorado cada línea de sus "Cien años de soledad" ni me había envuelto en el crimen por honor de Santiago Nassar que empezó muerto y terminó más muerto aún,  pero vivo eternamente. ¿Buscáis amor en sombras? no habréis leído un amor como el que ocurrió en aquellos tiempos del cólera.  Su prosa suelta, sacada a borbotones, enlazando con hilo de oro historias viejas que seguro estoy amamantó en su pequeño pueblo del Caribe, son una dulce melodía que cae en lo más hondo y como una semilla agarra y florece en breve. Es talento, sin más, y con ello es un escritor que demuestra que lo importante no es lo que cuentas si no El como contarlo .  Me he ...

La Vieja Bola.

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Se abrió la puerta y la ventisca introdujo varios copos de nieve en la habitación. El abuelo regresaba de los mercadillos navideños con dulces y unas velas para encima de la chimenea. Se quitó aquella vieja bufanda de lana y la gorra campera, ante la mirada risueña de su nuera sacudió los zapatos empapados de nieve y los puso cerca del fuego para que se secasen,  dejando al descubierto los roídos calcetines.  Sus dos nietos estaban en mitad del salón sobre la alfombra junto a su  madre intentando decorar un árbol de navidad que nada tenía que ver con aquellos  arbolillos verdes que el anciano recordaba en su ya alejada infancia. El viejo no dejaba de mirar aquellos chismes que colgaban del árbol sin dar sentido alguno a su ilusión navideña. Con sus calcetines agujereados subió hacia su alcoba, buscó en aquel armario  entre  cosas inservibles que había dejado que las devorase el olvido. Encontró una pequeña caja de cartón abollada, colocó de forma superfic...

Diciembre, Viejo Amigo...

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Diciembre, viejo sabio que alberga el frío que cose  el circulo. Cargado de ilusiones, tienes el don la junta, de las conmemoraciones. Diciembre, olor de chimenea, de leña mojada moribunda al rojo fuego que como manantial reúne a generaciones cada vez más ausentes, sordo mudas. Recuerdos de castañas en la sayas de las abuelas, de mantas agarradas al brasero, arroz en duz sobre la tinaja. Diciembre viejo amigo, hermanastro del caldero, de la cuchara hirviendo, del trago de leche y miel.  Diciembre, aunque nunca te he esperado, cuando llegas dueles, conquistas, hurgas en la nostalgia, en las hojas que dispersas arrastras tu perfume  agridulce. Antiguo y presente Diciembre, enemigo del alma, eres extraño  pues te muestras  con semblante serio,  reflexivo, rompes los libros que cuelgan en paredes y regalas la pluma filtrada, imaginativa, borracha para continuar la faena, disimular las heridas con invisibles tiritas de papel. Diciembre, cruel puñal, ...

El Árbol de Nuestros Días. (resignación, ambición, sueños)

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Anoche estuve viendo un programa sobre los diferentes cambios tanto sociales como laborales que esta cruel crisis esta generando en nuestro país (por no aludir al globo entero). Hablaban diferentes tipos de personas, de diferentes edades y de diferentes posiciones y/o formaciones. Me llamaba la atención que los más mayores (en general) eran los que tenían más claro que había que seguir luchando y trabajando para resistir el azote de esta recesión. Estaban dispuestos a mantenerse firmes ante las constantes presiones de los jefes, administraciones, compañeros, etc. para rebajar sus salarios, aumentar su horario laboral y reducir sus privilegios que tanto ha costado conseguir. Tenían claro que después de tantos años dilapidar aquello sería como caer en un pozo que les arrastraría a tres décadas atrás. Sin embargo, los más jóvenes estaban hipnotizados por un halo de resignación que les hacía caminar como zombies . Se aferraban a cualquier trabajo por duro y mal pagado que estuviese, no pro...

De Delibes, De Abuelos y De Caminos.

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Miguel Delibes. Escritor Español Me encontré en una vieja entrevista grabada a  Miguel Delibes una frase que me llamó la atención y me produjo una rara sensación de nostalgia y pena. Delibes, amante de su tierra, del campo, y de la caza, era un hombre aferrado a las costumbres, y no es que lo conociese (Que mucho me hubiese gustado) si no que repasando varias entrevistas y biografías es lo que más destaco de él. La frase en cuestión era : "El mundo rural, el de trigo y cebada, murió cuando la televisión sustituyó al abuelo". Gran frase que encierra la pena por un sentimiento puro:  el de amar a la tierra, al campo, a las viejas historias y a los lazos familiares. Creo que yo fui de las últimas generaciones en las que el abuelo seguía siendo un entretenimiento infantil. Sus historias del pasado, sus enseñanzas de hombre a hombre, aunque fuesen de hombre a niño. Permanecer embelesado con sus palabras, con aquellos proverbios que a la larga tanto me han servido. ...